Diario de viaje: una argentina en Mallorca

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Nombre: albertiyele
Ubicación: Palma de Mallorca, Illes Balears, Spain

26 mayo 2012

Para Ángela: el Cielito y el Pericón

La foto me parece ahora como de otra vida, muy lejana: mamá nos llevaba a aprender baile folklórico alguna tarde por semana al Club Mitre, el típico club de barrio que cumplía tantas funciones en los primeros 60 (desaparecieron todos; está bastante bien mostrado en la película Luna de Avellaneda); en realidad aquellas clases de baile de "las nenas" eran la excusa perfecta. Mamá aprovechaba la tarde para visitar a sus amigas; y yo aprovechaba esas clases para por fin bailar con chicos, con chicos de verdad, y no chicas disfrazadas de chicos como me pasaba en la escuela. Todo un logro del que la foto es testimonio. Y de paso mientras mamá charlaba con sus amigas, terminada la clase, nos convidaban con una tartita de vainillas y quaker con chocolate que hacía una de ellas que era la mismísima gloria del paladar. (¿Será que estaré a tiempo todavía de averiguar la receta? ¿Será que por estas tierras existe el quaker?) Creo que lo más gracioso de la foto son los zapatos con tirita de Grimoldi, que no parecen muy criollos. En fin: que todo esto me lleva a la lejanísima infancia como si se tratara de una alfombra mágica. No tiene ninguna importancia "patriótica", pero sucede que buscando cómo explicarle a Ángela qué es un cielito, o qué es el pericón, encontré estas cosas, que son la mejor explicación y creo que la única que se me ocurre. No había en mi infancia celebración del 25 de mayo sin Cielito de la Patria. Ensayábamos horas y horas, y ahora que lo pienso quizás no estaba mal que aprendiéramos a hacer algo que sólo podía hacerse entre todos (en mi caso, escuela de niñas, entre todas). Se ve que después, en algún momento, nos olvidamos. :-/ Con ustedes el cielito y el pericón

25 mayo 2012

25 de Mayo en otoño

Hace 212 años un grupo de hombres que eran porteños sin saberlo, tomaban el Cabildo de Buenos Aires, sede del gobierno virreinal de las Provincias Unidas del Río de la Plata, deponían al Virrey en nombre de los vecinos y juraban llevar adelante un nuevo gobierno constituido por criollos (entre ellos Alberti, mi Alberti, el de mi heterónimo de internet, el único sacerdote del grupo que formó la Primera Junta de Gobierno). Todavía ni Independencia, ni bandera, ni Himno ni nada de esa parafernalia que vendría después. Todavía ni siquiera guerra, ni balazos, porque no hicieron falta. Ni tampoco Patria, ni Argentina, ni mucho menos república. Unos por pedestres intereses económicos (porteños, porteños), por poder comerciar con las que eran las potencias europeas de la época (que ya no eran España); otros por unas ciertas ideas de libertad de opinión y de prensa, porque estaban hartos de que las decisiones se tomaran tan lejos, en un lugar que empezaba a sonar a despotismo y a viejo, ni estaban todos de acuerdo ni juraban todos por lo mismo, ni creo que supieran exactamente qué juraban, ni mucho menos hasta dónde podría llevarlos "eso" que más de un siglo después se conmemoraría en las escuelas de un país que ni habrán soñado como la "Revolución de Mayo". Lo cierto es que para mí, para la mayor parte de los que fuimos niños de mi generación, el 25 de mayo es un día de otoño poblado de banderas, mazamorreras, negritos pregoneros de velas, aguateros, damas antiguas de miriñaque y abanico, chicos con patillas y bigotes pintados por manos maternas con corcho quemado, escudos de cartulina y papel crepe, salones de acto escolares, maestras estrenando el tapadito de nutria, cielitos y pericón, padres de traje y corbata que aplauden el recitado patriótico, sudor en las manos y un temblor en la voz cuando empezamos a decir esos pocos versos enfáticos aprendidos de memoria y ensayados una y otra vez hasta el aburrimiento, y patio de la escuela con escarapelas en el pecho y tazones de chocolate caliente. Juegos de días sin clases, fotógrafos con unos aparatos enormes que eternizaban las risas y los gestos de la infancia; compañeras inolvidables con las que volvíamos por fin a casa, el uniforme o el delantal ya un poco estropeado, la boina torcida, el moño deshecho. Mucho antes de que supiéramos qué celebrábamos, el 25 de mayo era un día de fiesta al que nos pasaremos la vida entera queriendo volver. La de la izquierda de la foto soy yo; la de la derecha es mi amiga Ester, con quien tanto quería. Donde quiera que esté, cada 25 de mayo está conmigo.

17 mayo 2012

Papeles, papeles y más papeles

¿Alguno de ustedes se puso a pensar en qué pasaría si un día fueran otro? Bueno: eso me pasó a mí. En todos los documentos en los que figuraba con un nombre y un apellido (desde el carné de conducir hasta la cuenta bancaria, desde el empadronamiento hasta la tarjeta de cliente del Carrefour) y un número de documento...todo de nuevo, como recién nacidita. Así que lo primero: presentarme, grandulona como soy, ya casi vieja, en una dependencia policial a solicitar un DNI y un Pasaporte. Y de eso quería contarles: tuve que ir tres veces. Ocurrió que cuando me dieron esa partida de nacimiento flamante (de paso: a punto estuve de nacer dos veces el mismo día; mi documento español indica que aunque me avisaron en febrero yo nací el 24 de enero del 2012, después de un parto de tres años. Pobre madre!, dirán ustedes. No lo digan: yo nací española ya hecha y derecha, vestida de punta en blanco y de mi padre, cual Palas Atenea. Y lo que es peor: de mi padre muerto, y porque estaba muerto pude nacer, pero esa es otra historia, larguísima) tenía en trámite mi nuevo permiso de residencia (el famoso NIE, que viene siendo Número de Identificación de Extranjero: mi documento legal en España. Lo tenía en trámite y ya otorgado, pero todavía no me habían dado el plastiquito, el documento concreto. Muy bien. La señorita policía que me atendió la primera vez que fui a solicitar mi DNI me dijo que dado que ella tendría que dar de baja ese NIE para hacerme un DNI, no me lo podría hacer hasta que no lo tuviera. Muy bien. Unos días después por fin me dieron el nuevo permiso de residencia con vigencia hasta el 2017, otra vez con un cartel que decía bien claro aquello de "NO AUTORIZA A TRABAJAR", previo pago de la correspondiente tasa de 20 euros. Y allá me fui por segunda vez a la sede policial, esta vez munida del nuevo NIE. La cosa no terminaba ahí. Un poco de musiquita, ya que aprendí: esto es igual de español que lo otro pero no creo que a nadie le parezca españolada, y además me encanta Y a ver si me salió.

16 mayo 2012

De una mañana en los Juzgados

Así que así fue como medio dormida, casi sin darme cuenta de lo que pasaba, nací española una mañana de febrero. Si no me acuerdo mal el viernes 17 de febrero de 2012, en los Nuevos Juzgados de Palma de Mallorca, al mediodía, una empleada que hacía su trabajo un poco desganada, los anteojos en la punta de la nariz, cara de distraída mientras ojeaba papeles y los iba pasando de una pila a otra levantándolos con la punta del índice humedecido en la lengua,ella de un lado del mostrador y yo de otro, me pidió el documento, me miró sin verme (apenas una mueca que indicaba que sí, que esa de la foto de ese documento (que ni es documento ni es ná, pero ese es otro capítulo) efectivamente parecía ser yo) y en lugar de decir el típico "es una nena!", me extendió un sobre con unos papeles que antes había revisado por encima, y me dijo "tome, señora". Y yo fui española. Y lo que es más milagroso: papá fue español. Espero que donde esté me perdone. Estoy segura de que papá no tenía ni el más remotísimo interés en ser español. ¿Tendré que ir por esos mundos cantando esto?

15 mayo 2012

Allá vamos

¿Cuándo escribí aquí la última entrada? A finales de enero, creo. Bueno: febrero fue un mes muy movidito. Entre otras cosas que me ocurrieron nací de nuevo. Noooooooooo!!!!! Nada de accidentes fatales que le hacen decir a una esas cosas: una desgracia con suerte, volví a nacer, creí que no la contaba, es un milagro que esté aquí. Nada de eso. Yo volví a nacer de verdad. Con nuevo nombre, nueva fecha, nueva partida de nacimiento, todo eso. Resulta que un buen día, por la mañana, no tan temprano pero yo igual dormía, se asoma Perico por la puerta (nada de golpear antes de entrar, nunca les enseñé, se ve, porque nunca aprendieron) y me dice lo más fresco: te acaban de llamar por teléfono del Juzgado. Dice una señora que vayas mañana a las 12 a buscar tu partida de nacimiento y la de tu papá. Eeeeeeeeehhhhhhhhhh????????? No sé si fue porque estaba dormida o porque aquello era un trámite que había empezado hacía ya tanto tiempo, y que había atravesado tantas y tan diversas vicisitudes, idas y vueltas, papeles y papelitos, partidas de nacimiento desparramadas por media España y media Argentina, certificaciones, apostillas de La Haya, timbrados, sellados, impuestos, juramentos por escrito duplicados y cuadruplicados, negativas, notas, en fin: todo un amplio abanico de muestra (no gratis; gasté más plata que lo que deben haber gastado todos mis abuelos en sus pasajes de sólo ida a la Argentina) de lo que pueden hacer las aplanadoras burocráticas con la paciencia de la gente; en fin: decía que no sé si por una cosa o por otra, pero de verdad creí que aquello era una broma y que al día siguiente me apersonaría yo en el Juzgado de punta en blanco (soy muy antigua, ya sé, pero cuando me convoca la administración de un Estado a mí me gusta ir prolijita) y me mandarían a freír buñuelos más rápido que ligero.

De nuevo estoy de vuelta

Y resulta que aprendí hace tanto tiempo aquello de poner enlaces que ya me volví a olvidar. Veamos. tuve que hacer un alto por un toro mañero