Diario de viaje: una argentina en Mallorca

Mi foto
Nombre: albertiyele
Ubicación: Palma de Mallorca, Illes Balears, Spain

23 agosto 2009

De los refugiados españoles

De aquellos pobres refugiados del 39 queda un monolito en la playa, que yo no encontré (y no quise buscar demasiado, la verdad); un cartel al borde del pinar en el que el ayuntamiento explica que el bosque fue muchísimo más grande pero los refugiados españoles se sirvieron de la madera de los pinos para hacer fuego y calentarse o comer; el nombre de una avenida, Avenida de la Retirada, con el que el gobierno francés lavó sus culpas y homenajeó 60 años después (en 1999) a aquellos miles y miles de españoles a los que cercó en la playa en los tiempos de desgracia; y en el cementerio un roble, plantado también en el 99 por sobrevivientes venidos de media Europa, en homenaje a los niños muertos en la playa de Argelès.

Vista hoy


La playa de Argelès Sur Mer es ahora un interminable arenal bordeado de pinos y casas bajas, donde veranean miles y miles de franceses de clases medias. Así se ve desde el balcón de nuestra habitación de hotel. Sobre la playa, un paseo y una fila de restaurantes, bares, cafés, que se empiezan a llenar al caer el sol de familias enteras con las caras arrebatadas y los pies llenos de arena. Puestitos de artesanías en los que se pueden encontrar desde jabones de Marseille perfumados de lavanda hasta chales bordados a mano; kermesses en las que los chicos tiran al blanco contra patitos de goma o martillan con toda la rabia para levantar una pesa entra las risas y los aplausos de los hermanos y los amigos; guitarristas que circulan de terraza en terraza recaudando monedas; grupos de adolescentes que se coquetean entre risas y palabras entredichas; fuegos artificiales lanzados desde el puerto, para el asombro de la multitud; matrimonios que caminan del brazo, paseando a los bebés en los carritos; nenes que hacen piruetas en la bici entre la gente; parejas mayores que lo miran todo con sonrisas beatíficas. En fin: el verano, las vacaciones, que cada vez son más parecidas en el mundo entero. Quizás sea que en realidad la gente adquiere más hábitos comunes por clase social de pertenencia que por nacionalidad. Cenamos en medio de ese gentío la segunda noche de miniviaje: si no hubiera sido por la calma del mar y por el calor de la noche mediterránea, aquello hubiera podido ser la rambla de Mar del Plata cualquier noche de finales de enero. No hacen los franceses de vacaciones en Argelès nada que yo no haya visto hacer en mis vacaciones marplatenses.

Esta playa


Mejor será que siga contándome (que no contándoles, que ya veo que esto no lo lee ni mi santa suegra) ese viaje al mediodía francés, cargado de uvas y de verano. Nuestro hotelito está a mitad de camino entre Colliure y Argelès Sur Mer. De un lado, hacia el sur, hacia Cataluña, la costa de piedra; y del otro, hacia el norte, la costa de arena. Toda la zona está muy marcada por la antigua presencia catalana; la bandera con las barras gualda y oro se ve por todas partes, casi como un reclamo publicitario. Y todo parece indicar que se reivindican como catalanes; pero ya les conté que a nadie ni se le ocurre hablar en catalán (que incluso les resultaría bueno para el turismo: están tan pegados a Cataluña que la presencia de turistas catalanes es corriente) ni muchísimo menos pensar que por ser catalanes no son franceses. En fin.
Pero resulta que toda esta zona se mantuvo siempre con una enorme relación con su vecina España. Ahora, en las buenas, la relación es cordial, económica, turística, podría decir festiva. No siempre fue así, claro.
A finales del 38 el ejército nacional, alzado contra la República, comenzó la ofensiva final contra Cataluña, que se había conservado durante toda la guerra en manos del gobierno. Hacia noviembre la derrota estaba ya tan cantada que empezó la desbandada hacia el único camino que les quedaba libre: Francia. Oficialmente entre noviembre del 38 y febrero del 39 entraron por el Roussillon francés más de 350.000 refugiados españoles. Y seguramente fueron muchos más, pero aunque creyéramos en el número oficial eso significaba una catástrofe humanitaria y demográfica impensable: en la zona vivían menos de 200.000 personas, así que los refugiados en poco tiempo duplicaban el número de pobladores. Y ahora imaginen un ejército vencido, derrotado, hambriento y enfurecido, en retirada. Y junto con él miles y miles de civiles: viudas con hijos, ancianos, niños huérfanos o con padres perdidos, familias enteras cargando con lo que podían y de la manera que podían. Pobres y ricos, intelectuales y analfabetos, los únicos denominadores comunes eran la huida y la derrota y el miedo. Todo esto en el invierno europeo, y en medio de una guerra que les pisaba los talones. Para España, una tragedia. Y para Francia, un problemón. ¿Qué hacer con toda esa gente? ¿Dónde poner y cómo atender a una multitud de hambrientos en la que venían mezclados niños y milicianos que habían violado conventos enteros; ancianas desarrapadas y hombres cebados de matar y con el odio en los ojos; huérfanos comidos de piojos y tropa de milicianos polacos, ingleses, canadienses; ladrones, asesinos y malvivientes de toda laya y poetas de prestigio? Un asunto que el gobierno francés, que tampoco eran días de gloria para Francia ni para nadie en Europa, resolvió como pudo, y por supuesto mal.
La playa de Argelès Sur Mer, el primer arenal interminable de Francia entrando por Cataluña, se convirtió en el término de tres meses en un campo de refugiados a cielo abierto. Un campo de concentración, que así se llamó incluso en documentos oficiales, de refugiados españoles, encerrados entre el mar y la alambrada y vigilados por la policía y el ejército francés armados hasta los dientes. Sin techo, sin ninguna clase de protección contra las inclemencias del tiempo, sin comida, sin agua, sin atención médica. Sobrevivieron, como siempre, los más fuertes. Las imágenes fotográficas son terroríficas; los verdaderos horrores de la guerra, que también como siempre terminan pagando los inocentes, los que no tuvieron en sus manos ninguna decisión.
Yo les pongo sólo una, pero pueden encontrar muchísimas en internet. No se las recomiendo. Quizás esté equivocada, pero al menos estoy convencida: es mejor olvidar y mirar para adelante. Para atrás ya no se puede cambiar nada. Dice mi querido y tan olvidado Fernández Moreno: la culpa no es de ninguno, y ya estamos todos viejos.

21 agosto 2009

Y esto otro, yo

Y yo ni lerda ni perezosa, y encomendándome al espíritu de jolgorio de mi santísima tía Borila, les mandé una carta de lectores protestando y protestando, como para no desafilarme la punta de la lengua. Y ellos tuvieron a bien publicarla. Ahí va:

Alicia Iso. Palma.
Yesaidú y Borila
Suelo leer las columnas de opinión de Eduardo Jordà con placer. Pero la de ayer fue una sorpresa, y no agradable. En ella habla de los nombres absurdos que ahora y no antes (según él) y generalmente extranjeros ponen a sus hijos. De "sudamericanos" habla él, y no me extraña. Aunque no creo que haya manera de llamar sudamericano a un mejicano o un dominicano, está ya establecido llamar "sudamericano" o "latino" a todo lo que inmediatamente después se va a denostar. Latinas son las bandas de pandilleros, sudamericanos los atracadores de bancos, los inmigrantes sin ninguna calificación que engrosan las filas del paro, las prostitutas, los niños que elevan los números del fracaso escolar, los nuevos vecinos que degradan los antiguos barrios pacíficos, y ahora también los que llenan los registros civiles de nombres absurdos. Todo lo malo parece naturalmente atribuible a esta gente: los sudamericanos y/o latinos, que además son sinónimos. Pero es curioso que cuando uno de ellos se destaca en algún campo ya no es ni sudamericano ni latino: pasa a ser "hispano". El caso de la nueva jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos es un buen ejemplo.
Mis abuelos maternos eran españoles. En la primera mitad del siglo XX, que no ayer, bautizaron a sus hijas como Eustasia, Solidaria, Armonía y Borila, y a su quinto hijo varón, Quintilio. Y mi madre se llama Obdulia. Mi padre también es hijo de españoles. Él tuvo más suerte y se llama Pedro (...). Creo recordar que hace poco fueron juzgados en Cataluña unos jóvenes por prender fuego a una mendiga que nada les había hecho. Y a otro que, sin decir ni agua va, la emprendió a patadas y golpes contra una "inmigrante sudamericana" que viajaba tranquilamente sentada en el metro. Y por cierto ninguno de ellos se llamaba "Yesaidú" ni "Mara Dona" ni "Ailaviú". Los prejuicios no son buenos. Nunca. Para nada. Y extenderlos, aunque sea en tono jocoso, puede resultar muy ofensivo.

Teamo o Yesaidú

Suelo leer a Eduardo Jordà en su columna de opinión del Diario de Mallorca. Me gusta cómo escribe, y generalmente lo que escribe. Ayer lo leí y me encontré con esto:

Teamo o Yesaidú

EDUARDO JORDÀ En Mallorca, hasta hace no muchos años, los niños llevaban los nombres de sus padres o de sus abuelos, así que en casi todas las familias había un Tomeu y un Toni y un Pere. Y si había familias con nombres raros o incluso ridículos, esos nombres se repetían hasta que alguien se atrevía a desviarse de la tradición, cosa que exigía valentía y espíritu de independencia, porque los clanes familiares tenían mucho peso y no consentían deslealtades. Nombrar a un niño era una forma de integrarlo en el árbol genealógico. Y por eso nos extrañaba que en Estados Unidos un niño pudiera llamarse como le diera la gana a sus padres, Wayne o Sugar Candy o Honolulu, mientras que aquí teníamos que llevar los nombres del santoral cristiano, a veces tan ridículos como Cucufate o Apolinaria (cito nombres que no puedan ofender a nadie: ya no creo que nadie se llame así).Recuerdo que me molestaba mucho esa costumbre que te obligaba a llamarte como tu padre o como tu abuelo, pero ahora, cuando los niños se llaman Viriato o Guifré o Cel o Doraemon, casi la echo de menos. En el hecho de elegir un nombre para un niño siempre se oculta un deseo. Queremos que el niño, por el hecho de llevar ese nombre, posea ciertas cualidades que nos atraen, o que demuestren su pertenencia a una tradición de la que nos sentimos orgullosos. A veces buscamos un nombre por su belleza o su eufonía o sus connotaciones positivas, y pensamos que ese nombre conseguirá infundir algún don o alguna virtud al niño que lo lleve. Pero si no queremos complicarnos la vida, o preferimos seguir con la tradición, buscamos un nombre que honre a algún miembro de nuestra familia, y así de paso manifestamos nuestro orgullo: el orgullo de una pertenencia, el orgullo de eso tan antiguo que antes se llamaba linaje y que ahora ya no sabemos muy bien cómo llamar. Tengo la impresión de que cada vez hay menos padres que pongan su nombre a sus hijos, lo que no sé si demuestra una saludable libertad mental o más bien una angustiosa pérdida de autoestima. ¿Qué es mejor, un niño que se llame Doraemon, como el gato cósmico, o un niño que se llame Miguel, como el arcángel que tocará la trompeta el día del Juicio Final? La verdad es que no lo sé, aunque cada nombre dice mucho de la cultura y de la tradición que los padres han elegido para sus hijos, y no hay que esperar gran cosa de unos padres que le hayan puesto Doraemon a su hijo. Pero también hay que contar con el peso cada vez más leve de las familias. Muchos niños nacen a la intemperie, como aquel que dice, sin familia que los ampare y sin una tradición cultural en la que puedan acogerse, así que acaban llamándose de cualquier forma. Si la televisión ocupa el lugar que deberían ocupar los padres o los abuelos, es normal que sea la televisión la que bautice a los niños.En Sudamérica hay niñas que se llaman Madeinusa y niños que se llaman Yesaidú (por Yes, I do) o Yusnavy (por US Navy). Buscando nombres raros, he encontrado una niña argentina que se llama Mara Dona (en honor del futbolista) y un niño peruano que se llama Pichu Pichu, en honor de un volcán andino. También hay un Marx Lenin en Perú y un Maikel Jackson (sic) en Venezuela, y estoy seguro de que no son los únicos. En la República Dominicana hay una chica que se llama Nuevecita (Colón Santana, por más señas), y otra que se llama Toshiba Fidelina. Y en México hay un bebé llamado Yahoo (no me pregunten si es niño o niña). También tengo noticias de otros niños llamados Bongó, Teamo, Bruce Lee y Elton Jhon (así, mal escrito, con la "h" cambiada de sitio). Pero el más raro de todos los nombres que he encontrado es el niño –o niña– que se llama Lexotanil. ¿Qué es eso? ¿Un antibiótico? ¿Un laxante? Google acaba de explicarme que Lexotanil es una marca de ansiolíticos (sin duda es un buen nombre para un bebé). Y por cierto, todavía no he visto ningún Google, o Gúgel, o Gógel (o Gugelia). Todo se andará.Cada nombre dice mucho de la cultura de los padres y del futuro con el que sueñan para sus hijos. Si el nombre es absurdo o disparatado, uno tiende a sospechar que también hay algo absurdo o disparatado en la vida de quien lo lleva. Es una sospecha injusta, pero hasta cierto punto inevitable. Hace poco, un amigo me contó que había visto cómo unos chavales cogían a un mendigo en brazos y lo usaban como ariete para golpear las ventanillas de los coches. No hay que descartar que alguno de esos jóvenes se llamase Yesaidú o Teamo. O incluso Lexotanil.


COMPARTIR








09 agosto 2009

Y ahora esperemos

Esperemos que la gente de bien de este país, que son la inmensa mayoría, no pierda los estribos ni se enloquezca ella también ante tanta locura. Y que a quienes hayan sido se los persiga, se los encarcele, se los juzgue, se los condene. Con todas las garantías y en juicios públicos. De otra forma puede ser mucho peor el remedio que la enfermedad. Hasta puede pasar que dentro de unos años los matadores de hoy sean las víctimas, y que los maestros les cuenten en las escuelas a los niños que eran unos jóvenes idealistas; y que sus madres reciban apoyo moral y económico del mundo entero, y hasta que un juez argentino juzgue a la Guardia Civil, y la opinión pública se escandalice de lo que no sólo ya sabía sino que había consentido y alentado, y las víctimas de hoy no sólo no tengan ni voz ni voto sino que además sean los victimarios, y los jefes de estos que pusieron las bombas (que deben ser los pichis, la gilada), miembros destacados del gobierno, embajadores plenipotenciarios, ministros de no sé qué, y trajes de Armani para arriba y carteras de Louis Vuitton para abajo (que yo no sé por qué a todos los piojos resucitados les gustan tanto esas marcas) , y cuidadito cuidadito que lo hacemos esperar al marahá de la India y dejamos plantada a la reina de la baraja.
En el mismo lodo todos manoseaos, que dice el tango. Porque yo no nací ayer, y me tocó nacer donde me tocó nacer.

Mirá vos

Ni europeos del Este, ni rumanos, ni albano kosovares, ni exyugoslavos, ni albaneses, ni eslavos. Ni magrebíes, ni argelinos, ni marroquíes, ni moros, ni musulmanes, ni islamistas. Ni negros, ni subsaharianos, ni sin papeles, ni indocumentados, ni inmigrantes ilegales, ni ilegales a secas, ni llegados en pateras, ni morenos. Ni colombianos, ni sudamericanos, ni sudacas, ni brasileros, ni ecuatorianos, ni latinoamericanos, ni bolivianos, ni peruanos, ni uruguayos, ni argentinos, ni chilenos, ni pandilleros, ni latinos, ni españoles de origen sudamericano, ni hispanos, ni indios con plumas. Ni polígamos, ni afectos a obligar a sus mujeres a usar velo (salvo las monjas, claro), ni adoradores de dioses extraños, ni rezadores de plegarias públicas al atardecer, mirando a la Meca; ni bajitos y llamativamente feos (aunque esto igual sí, puede ser, que de todo hay en la viña del Señor); ni con caras aindiadas. Seguramente no deben trabajar de camareros en Alcudia, ni de cuidadores de niños ni de ancianos en cualquier ciudad de España, ni de fregadores de pisos o escaleras, ni de albañiles, ni de obreros haciendo carreteras, ni de cosechadores de tomates en Almería ni de patatas en Sa Pobla ni de uva en Navarra ni de olivas en Jaén ni de cerezas en Extremadura, ni de pescadores en Galicia, ni de nada de nada, porque sospecho que tienen otros medios de vida bastante más cómodos y más rentables y más crueles.
Los de las bombas no fueron ninguno de esos que enumeré. Y a ver quién es el listo al que se le ocurre, en la proxima campaña política, hacerles firmar a los que sí fueron un contrato por el que se comprometan a cumplir las leyes de este país, que vendría muy bien.
Ahora yo podría decirles que los refranes son condensaciones de la doxa (de donde vienen palabras como dogma, doctor y todos sus derivados, y curiosamente también "paradoja", que no es otra cosa que "paradoxa"), pero mejor se los digo en criollo: los refranes son muy sabios. No hay peor astilla que la del mismo palo. Mirá vos.

Atardecer de un día agitado

La semana pasada, supongo que ya lo saben todos, los desgraciados de ETA mataron de un bombazo a dos chicos que no tenían ni 30 años. A una cuadra escasa de una de las playas más concurridas, en la mitad del verano, cuando la isla está en el centro de atención de todos los medios de comunicación habidos y por haber. Durante unas cuantas horas, las primeras después del atentado, aquello fue un despliegue de policías de todo tipo. Después las cosas se fueron normalizando. Por el curso natural de las cosas y también porque esta es una comunidad que vive EXCLUSIVAMENTE del turismo, al que tanto desprecia. Así que me imagino que los cuerpos policiales tendrán que haber hecho malabares para estar sin estar; para mirar y observar pero sin hacerse ver ni notar demasiado; para conseguir que los criminales notaran la presión del perseguido, pero sin que los turistas, que son miles y miles, se sintieran ni perseguidos ni amenazados y pudieran seguir paseando, y consumiendo, tranquilamente, como si esto siguiera siendo una Disneylandia del Mediterráneo. Muy difícil; casi diría que imposible.
Hoy otra vez: no mataron a nadie, todavía y esperemos, pero alborotaron y desasosegaron a la isla entera. Estallaron tres bombas, en tres lugares muy céntricos y muy concurridos (sobre todo las dos primeras) de Palma, y de alguna retorcida manera consiguieron su propósito: que hablen de ellos, salir en la tapa de todos los diarios, hacernos sentir muy vulnerables, y enviar un mensaje claro a los dos destinatarios que tiene siempre todo discurso político (asumiendo aquí que las bombas y los atentados son una forma violentísima y extrema, inadmisible, de discurso): a los partidarios: miren qué bien que lo hacemos, miren qué audaces que somos; y a los opositores: seguimos acá, y seguimos haciendo lo que se nos antoja.
Horrible.

03 agosto 2009

¿Dónde hay que firmar?

Amnistía Internacional acaba de decir que "el racismo es oficialmente invisible en España", y critica duramente que desde el gobierno no se tome ninguna medida ante la xenofobia y el racismo que campan a sus anchas. Si supiera dónde hay que firmar, firmo mañana mismo.
Y no hace falta sino leer cualquier foro de opinión en cualquier diario español; o escuchar cualquier programa de televisión o de radio, en los que indefectiblemente se liga inmigración a delito y a pobreza; o leer cualquier diario y leer hasta cómo se nombra a los inmigrantes: indocumentados, ilegales, incluso inmigrantes a quienes ni siquiera llegaron nunca a España porque se ahogaron en el camino. Porque esa es otra: se mueren cantidades de chicos jóvenes africanos ahogados en el Atlántico, y mujeres, y niños, y a nadie parece importarle semejante tragedia; ni a los gobiernos ni a la opinión pública, ni africana ni europea. Sale la noticia en el diario dos días, y listo. Tantos o cuantos "inmigrantes" muertos o desaparecidos. La palabra "emigrante" la borraron del diccionario, como si no quisieran ni recordarla.
Hoy a la mañana mientras me tomaba un café en un bar se acercó una chica joven a pedirme limosna. Era joven, bonita y con un marcado acento andaluz. Se me acercó y me dijo que venía de Caritas; que allí no le habían querido dar nada porque estaba lleno de moros y de latinoamericanos, a los que les daban antes que a ella, que era española y madre de tres hijos. Supongo que pensó que ese argumento sería suficiente para indignar a una española de clase media, que era lo que para ella era yo. La camarera la sacó corriendo, y me dijo que todos los días le hace el mismo cuento a todo el mundo, y que siempre engancha a alguien (hoy, de hecho, me enganchó a mí, que a pesar de la rabia le di lo que me pidió).
Ese es el discurso dominante: que los inmigrantes reciben más que ellos, que los atienden antes en el hospital, que no pagan impuestos, que vinieron aquí no a trabajar sino a quitarles lo que es de ellos, aunque sea la caridad. Y ese discurso está MUY impuesto desde los medios de comunicación, no es casualidad que aparezca en la gente, porque es lo que por vía directa o indirecta les dicen todo el día y todos los días en los diarios, en la tele y en la radio. Tengo colecciones de artículos INCREIBLES, muchos de ellos que serían hasta denunciables.
Los españoles no son todos racistas, ni muchísimo menos. Pero en España hay MUCHO RACISMO, y no se lo reconoce. Llegará el día en que se den cuenta; espero que no sea tarde para rectificar y que no haya nada grave de que arrepentirse. Pero si la crisis sigue puede ser un polvorín.

01 agosto 2009

Languedoc-Roussillon

Exactamente esta es la zona que recorrimos. Uno de las 22 regiones francesas, que se divide a su vez en cinco Departamentos. Como ven en el mapa el Languedoc es una franja recostada sobre el Mediterráneo y pegada a España. Fue, y es, históricamente una zona productora de vinos, así que casi no se ve otro cultivo: campos y campos de viñedos, que estaban ahora verdes, ya colmados de uvas que madurarán con el sol del verano y se vendimiarán en septiembre, antes de que termine el calor y empiece el otoño. Es, como su vecina Cataluña, montañosa, casi diría serrana, y si no fuera por el mar, que se ve desde todas partes, me recordó bastante a nuestro Cuyo. Vides, olivos, plantaciones de frutos de carozo: duraznos, ciruelas, damascos. El paisaje no puede ser más lindo.
Todas las notas que consulté por internet dicen que se habla allí además del francés el occitano y una variación del catalán. lo cierto es que yo no escuché a nadie hablar nada que no fuera francés.
Y aunque lo que se ve ahora es una zona muy turística y bucólica (hoy estoy esdrújula, sí), tiene su historia trágica también. Ya les contaré.