Diario de viaje: una argentina en Mallorca

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Nombre: albertiyele
Ubicación: Palma de Mallorca, Illes Balears, Spain

02 noviembre 2007

Flashes

Cómo ráfagas de un sueño que vuelve a aparecer han quedado imágenes que no filmé ni siquiera fotografié: un mediodía de sol sentada en la vereda de un bar en la 9 de Julio y casi Santa Fe, mirando pasar la gente mientras me tomo un café riquísimo. Una mañana de furia en que acabé llorando de rabia en la puerta de un kiosco maldito enfrente de Tribunales, con la multitud de señores trajeados y señoras de tacos altísimos que me camina por al lado; nadie parece verme pero hay uno, un señor muy compuesto que se me queda mirando; ¿qué mirás, pelotudo? ¿nunca viste una mina llorando? El tipo no puede ser más porteño: "tranquila, preciosa; todo pasa, esto también", me dice mientras me roza la mejilla con la punta de los dedos. En el patio de la única escuela a la que fui me encuentro con mis compañeras, algunas de mis buenas y viejas amigas de infancia, y nos miramos y nos reconocemos; no necesitamos muchas explicaciones, o tal vez sí. Sentadas en la barra de un bar cualquiera del mercado del puerto de Montevideo nos tomamos con la Oriental un medio y medio mientras nos cantan Naranjo en flor al son de una guitarra, y por un segundo arañamos la perfecta felicidad.
Diálogo entre un empleado de Migraciones uruguayo y yo en el puerto de Colonia:
El: -¿usted es argentina? (el ferry acaba de llegar de Buenos Aires; seguramente el 80 % de los viajeros somos argentinos; me sorprende que me pregunte en ese tono solemne, como si fuera una película de espías o me estuviera preguntando si yo era una marciana)
Yo: Yo sí, argentinísima. ¿Y usted?
El: No, yo no.
Yo: Y bueno; qué va a ser!
El: Sí, claro, qué va a ser! Bienvenida, y que pase bien.
Me quedo pensando que no podemos ser más idénticos; que no debe haber en el mundo otro caso de dos países separados por un río ancho como un océano que sean tan iguales.

De nuevo estoy de vuelta...

Después de larga ausencia, igual que la calandria que azota el vendaval.... Así cantaban, cantan, los entrañables y criollos Chalchaleros en aquella preciosa Luna cautiva. Yo también estoy de vuelta: otra vez en la vieja y marina Palma, y azotadas, Palma y yo, por vendavales varios.
Hace ya más de una semana que llegué y todavía no termino de instalarme, de acomodarme de nuevo al ritmo que tiene que llevar a quí mi vida. Al principio, los primeros días, fue todo una confusión y un mareo, una especie de vértigo interminable después de tantas horas de un vuelo que prefiero olvidar. Después vino la etapa del orden: vaciar valijas, encontrar un lugar para cada cosa, mirar una y mil veces las ni sé cuántos cientos de fotos que vinieron conmigo, la historia de una vida metida en fotografías adentro de una valija: desde una nena de piernas gorditas y cachetes pintados de rosa disfrazada con tutú y zapatillas de baile hasta una mujer con canas, sentada en el borde de un muelle con su hermana. En fin. Pasaron 10 días y me parece que hace siglos que estuve en Buenos Aires; que aquello está tan lejos, tan lejos y tan cerca.